Hay una forma de comunicación que no se enseña en ningún manual… pero que está presente todos los días en las empresas.
No grita. No es explícita. Pero desgasta, confunde y rompe la confianza. Es el chantaje silencioso.
Lo veo constantemente en equipos de mandos medios.
No se dice: “Haz esto porque es lo correcto.”
Se dice:
“Esto es lo que espera la dirección…”
“Después no digas que no se te advirtió…”
“Los que están comprometidos sí lo hacen…”
“Esto impacta tu reputación…”
Y aparentemente funciona. Tal vez incluso funciona para resultados inmediatos, mas no es sostenible, pues causa algunos resultados funestos para la relación colaborador-líder-empresa:
– Perdida de confianza
– Frustración
– Burnout
Estratégicamente, es un error. Porque no genera compromiso, sino solo genera presión. Que dependiendo del perfil psicométrico y de la personalidad del colaborador lo tomará con una de los resultados ya mencionados en líneas arriba.
Este estilo de comunicación, de relación, no genera claridad. Por el contrario, genera ambigüedad.
No genera liderazgo. Genera dependencia emocional. Una dependencia muchas veces frágil y otras veces nefasta.
Y no se trata de que juzguemos a nuestros lideres, ni de que tu te juzgues a ti.
Este estilo de comunicación es aprendida, posiblemente desde la infancia. Es posible incluso que estos lideres, no conozcan, no encuentren o no confíen en ninguna otra forma de comunicarse. Por tanto, el problema no es la intención. Es el
mecanismo.
Muchos líderes creen que están motivando. Pero en realidad están operando desde:
– el miedo,
– la manipulación,
– o la necesidad de controlar.
El costo silencioso de éstos suele ser: equipos agotados, conversaciones evitadas y decisiones mediocres.
Un líder no chantajea. Desafía.
Aquí está la diferencia clave:
El chantaje dice: “Hazlo para evitar una consecuencia.”
El liderazgo dice: “Hazlo porque entiendes el impacto y puedes sostenerlo.”
El chantaje presiona. El liderazgo alinea.
El chantaje desgasta. El liderazgo construye.
Comunicar sin desgastar no es “ser suave”:
- Es ser claro.
- Es sostener conversaciones directas.
- Es decir lo necesario sin rodeos, pero sin manipulación.
Eso requiere algo que pocos desarrollan: madurez emocional y claridad estratégica.
Esta semana, trabajando con managers en Gerentes 360, este tema generó algo interesante: muchos no sabían que estaban comunicando así.
Lo bueno es que cuando lo ven, ya no pueden dejar de verlo.
Si lideras personas, te dejo una pregunta cerrada e incómoda para que respondas con brutal honestidad y sin justificarte:
¿Tus conversaciones generan claridad o generan presión disfrazada?
Si quieres elevar la calidad de las conversaciones dentro de tu equipo, este es uno de los puntos críticos que trabajamos en procesos de desarrollo de liderazgo.
Un abrazote,
Fénix.
